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Nos agrada la resolución del Ministro de Defensa de ponerle fin a los diálogos, que hasta ahora no han perseguido otra cosa, que buscar el fortalecimiento de los terroristas. Jamás podrán pensar los forajidos de Colombia, en esta figura noble que rodea a los seres de buena voluntad. Esas posiciones son más del demonio, que de los santos.
Sin embargo, en aras de buscar la paz por todos los medios, siempre hay que dejar una pequeña ventana de ventilación, por si acaso la lucidez entra en los cerebros carcomidos del terrorismo, y reflexionan, aunque sea por solo instinto de conservación de sus propias vidas y no por el bien del país que ha sangrado por defenderse de la causa perdida de sus caducas ideologías. Ya el país está hastiado del tema que se ha vuelto connatural en nuestra cotidianidad, pero debemos ser solidarios con el Gobierno en esta materia, rechazando el terrorismo y denunciando todo acto sospechoso que veamos, para que nuestra cuota no sea solo que nos secuestren, ni que nos defiendan solamente, sino también en reciprocidad, un aporte de civismo y de amor de patria viendo lo que ellos, las fuerzas armadas, no pueden ver. El Ejército y la Policía, sin la menor duda, trabajan contra el monstruo de las siete cabezas, que incrustado como rémoras en cada organismo de la Nación, hacen su trabajo destructor. Solo los ojos del ciudadano pueden ver a ese enemigo que, solapado y bien oculto, envenena, daña, prostituye los principios y perturba la paz. Me refiero a los actos de corrupción, que son una modalidad de terrorismo, de guerrilla, que al robarle al Estado y, por ende, al ciudadano, poca diferencia tienen con los que combatimos en el monte. Dios permita que el presidente Santos no baje la guardia, ni menos su Ministro de Defensa, y que hagan pocos anuncios, menos protagonismos y más efectividad. En la guerra, cuando se comenta demasiado, se le orienta al enemigo, y cuando se registran los operativos se les regala la señal y esto es desventaja para los nuestros. Pero insistimos en que la ventana se debe dejar abierta, entre otras cosas, para evitarnos que organismos internacionales, algunos de ellos, según se dice simpatizan con los que nosotros combatimos, no tengan como pretexto argumentar que en el país no hay posibilidades de diálogo, porque el Gobierno les cerró todas las puertas. Hay que ser muy cuidadosos con la estrategia del enemigo. Vale sugerir, que nuestro departamento de La Guajira merece más atención en este sentido, pues nadie podría afirmar que la ola de crímenes y de inseguridad sea una modalidad para distraer y hacer entrar concentrar la atención en casos supuestamente menores, pero de resonancia, y se puedan estar fraguando cosas de alto calibre. Ojo con el monstruo.
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