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la doble moral y el nepotismo siempre han sido las causantes del descrédito que rodea al funcionario público. Puede llegar la más santa de las personas, con la más brillante preparación y no estar exenta de entrar en ese círculo de señalamientos, injustamente a veces. Para el ciudadano común y corriente, el Estado es sinvergüenza por naturaleza, injusto calificativo, y el funcionario público, un corrupto, más cercano a la realidad.
Estas dos sindicaciones, ya aparecen grabadas en alto y bajo relieve, como en una lápida, recordatorio para la referencia de las generaciones presentes y venideras. Se ha llegado a tal punto de corrupción, que se reclama con la mayor naturalidad, el derecho a cobrar comisiones en las contrataciones con el Estado, o el solicitar una mordida por la tramitación y aceleración de una gestión al interior de una oficina pública. El modelo: el mitimiti.
Estamos en un estado de postración tal, que andamos por la inercia del tiempo y no por el compromiso que tenemos para con la sociedad y para con nuestros hijos. Nuestro departamento de La Guajira, privilegiado por la naturaleza, tanto en su contexto geográfico e histórico, como también por el talento natural que la divina providencia le otorgó a sus gentes, hoy, sufre la más terrible de las enfermedades: la corrupción. Este es un virus, que hoy habita en la mayoría de organizaciones y países del mundo, y es tan grave el poder de destrucción que tiene, que puso a temblar el poder económico de los pueblos, para ingresarnos en una crisis económica mundial.
Nos ha aproximado a la confrontación armada, en fin, es como una peste loca, que trajina el ego, la avaricia, el enriquecimiento ilícito y finalmente conduce a estados inhumanos en que el respeto a la dignidad del ser se pierde por completo. Es una lástima, para el caso que nos ocupa de nuestro querido y admirado Departamento, tener que registrar en nuestras páginas, desde las conductas psicopáticas, hasta comportamientos de dudosa compostura y seriedad, de algunos de sus dirigentes apáticos al compromiso con la sociedad, actitud que nos aleja de la confianza del poder central, que tampoco está exento de la terrible peste. Sería mucho más agradable para nosotros, resaltar y a grandes titulares, la buena tarea que cumplan los alcaldes, el gobernador, los senadores, los representantes, antes que leer los inicios de posibles investigaciones. Qué bueno sería, que cada mensaje para nuestro Departamento fuera una noticia de prosperidad en acción.
Con gusto registraríamos la gestión del gobernante, sin que estuviera rotulada con el código de barras "positivo balance", que se ve y se siente, como un comercial para engañar bobos, o como un pase de cortesía que tiene un signo de pesos en uno de sus costados. Qué tristeza, engañar a un pueblo que deposita su confianza en la persona que lo representa, para luego valerse de todas estas artimañas de la simulación, de la mala simulación, para pasar la vergüenza, ante el poder central, de que todo el montaje está basado en una película llamada: la ineptitud disfrazada de cenicienta. Deseamos para La Guajira y para el Caribe, toda clase de prosperidad, que las páginas de los diarios estén adornadas con notas de desarrollo, de obras, de ejecuciones sanas, de paz, de seguridad, pero no manchadas ni con sangre, ni corrupción, que salpiquen la tradición de un pueblo que vale mucho.
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