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Se ha denominado célula madre aquella que tiene la capacidad de autorenovarse mediante divisiones mitóticas, que consisten en enlazar los cromosomas por sus centrómeros. Estas se establecen en vías diferentes para lo cual están programadas y, por lo tanto, producen uno o más tejidos maduros funcionales.
Como se puede observar, estamos en presencia de un complicado tema, que para el entendimiento de simples curiosos como nosotros, no solo resulta un rompecabezas, sino también una irreverencia contra la naturaleza humana tratarlos de comentar. Si lo miramos desde el contexto religioso, conservador, puritano, sería igual como equipararlo con el aborto, tema que en este espacio hemos condenado. Pero resulta que investigando más sobre el asunto (células madres), hay pero abismales diferencias entre uno y otro caso. Mientras con el aborto, matamos y no se hace el bien a la humanidad, en el desarrollo de células madres se persigue otra cosa: salud y cura para las enfermedades como el cáncer, la diabetes, las paraplejías; sirve para grandes quemaduras, para el Alzheimer, Parkinson, enfermedades cardiovasculares. ¿Cómo se logran conseguir las células madres? Dicen los investigadores que por allá en el año de 1998, se hizo la primera prueba obteniendo resultados deseados en cuanto a la obtención de la célula madre, y fue mezclando un óvulo con un espermatozoide. Comentan que una vez obtenidas, se comprobó que son intemporales, con matices diferentes y, por lo tanto, pueden vivir siempre y dividirse sin cesar, lo que ha permitido a los investigadores un caudaloso recurso para exámenes de laboratorio. Jhon McDonald les devolvió la movilidad a unas ratas parapléjicas. Bernat Soria ha conseguido que los ratones produzcan insulina, para contrarrestar la diabetes. A otros los ha restablecido de derrames cerebrales. Como podemos ver, la ciencia lucha por prolongar la vida del ser humano, pero los intereses internos de cada compañía, la farmacéutica, o los gobiernos que apoyan la guerra y condenan estos avances, se enfrentan en un choque con los científicos investigadores, en lo que pareciera importarles poco la vida y sí el negocio, como lo afirmó Jhosep Paimes. Ahora la lucha es por la bioética. Utilizar un embrión con vida es matarlo, y eso no es sano se afirma. Pero en los anfiteatros o en las morgues, se utilizan los cadáveres, los descuartizan para estudiar las causas de su muerte o para ubicar el lugar de los órganos con precisión. Se cree que como ya están muertos no merecen respeto; pero a pesar de esto, siguen siendo un ser humano, con identificación, con nombre, con familia. El tema sin duda es complicado, pero algún día la ciencia y sus investigadores se verán enfrentados a unas disyuntivas: se tiene la cura y se aplica, o teniéndola se deja morir el enfermo. Ahí, vendría otra responsabilidad, tan grave como el que desconecta un ser humano que vive una vida artificial. Según esas premisas no la podríamos aplicar para no faltar a la ética. Pero al muerto sí se le descuartiza, para estudiarlo. Siempre que la ciencia haga las investigaciones para salvar vidas, tarde que temprano serán aceptadas.
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