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Si en verdad los espíritus nunca mueren, y las energías del ser quedan vivas para toda la eternidad, habría que preguntarnos: ¿qué piensan y que sienten esos seres, cuando la otra energía que conserva el cuerpo y el espíritu trata de establecer una suplantación en cuerpo ajeno? La pregunta nos salta de la imaginación al tintero, ante la curiosidad que nos rodea a todos los seres pensantes, para preguntarnos lo mismo que se preguntan muchos que vimos en la
figura de Bolívar, un padre real de la Patria, grande en mente y noble en comportamiento ¿Estará tranquilo en el sepulcro Simón Bolívar? ¿Qué sentirían y pensarían al vernos por el huequito del universo, los ya muertos, para observar el comportamiento humano y saber que la réplica no lleva las nobles intenciones del imitado? Y esto no solo se refiere al prócer viviente que genera el recuerdo de Bolívar, sino también ante quienes nos trajeron al mundo; unos responsablemente y otros no. Algunos descendientes han hecho honor a la norma de conducta moral y ética de comportamiento. Otros no. De ahí, el aforismo popular que dice: de tal palo, tal astilla, para lo bueno y lo malo. Ciertos líderes políticos del continente americano tratan de imitar el perfil de Bolívar, y, valiéndose de sus tesis de gran sentido social, le han amarrado una especie de balsa para tratar de sacar de las profundidades del mar de la quiebra, una ideología que está decadente, pero que, sin duda, sirve de mucho para que la democracia se siga fortaleciendo. A Carlos Marx, padre del socialismo, poco se menciona, y solo se escucha como un eco de disparos de perversidad, el apellido del estalinismo, que han degenerado sus seguidores y que nos preocupa, que ocurra lo mismo con Bolívar. Los comunistas de por acá, descastados en su propia creatividad e imaginación, se buscan más por olfato de gente resentida, que por una convicción firme de las ideas. Son como cucarachas del mismo calabazo que se localizan desesperadamente en un mundo extraño, rodeados de santos y señas. O bien con el cabello largo, y barbas espesas o lánguidas, destilando olor a proletario sudoriento, pero los de abajo pues, porque los de arriba destilan sudor a las más finas aromas francesas, de un Paco Rabanne, Jean Marie Farina. Y lo más curioso del asunto es que los intérpretes del estalinismo, tampoco han sido fieles a su fundamento filosófico. Mientras su teoría comunista no les impidió seguir al lado de los países capitalistas, así fuera como perros y gatos, contribuyó al fortalecimiento de la Unión Soviética para colocarlos en un proceso avanzado en tecnología, lo que significó para esos países de ayer, la gloria en la construcción de una potencia. Cosa distinta a lo que han hecho otros países de por acá, en que la tozudez y terquedad extrema, los lleva montados en un modelo 46 y 1955, vehículos en que todavía andan, no como curiosos e importantes coleccionistas, sino como obligados conformistas, ante la imposibilidad de salir del cascaron del pasado. Todo por el miedo a que la democracia capitalista les arrebate de las manos y del pensamiento, a su maltrecho comunismo. Aquella frase: "Colombianos, mis últimos votos son por la felicidad de la Patria, si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro". Aun cuando ese es el Bolívar que nos enseñaron en el colegio, por ahí anda, un falso Mesías, ese que se cree Bolívar, haciendo todo lo contrario, con lo cual tergiversa totalmente el sentido de la historia. Pronto caerá, con su falsa bandera de iniquidades.
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