Entre el sicariato y la accidentalidad vehicular PDF Imprimir E-mail
Viernes, 30 de Julio de 2010 05:00

Es preocupante que las páginas del Diario de Norte tengan que registrar la frecuente ola de sicariato que se registra en el departamento de La Guajira, al tiempo que no escapan de nuestra contabilización los accidentes  en  vehículos, bien sea automóviles o motocicletas.

En varios editoriales, hemos comentado este tema y la verdad es que por el momento no vemos una solución, distinta de la que pueden aportar los protagonistas de tan  lamentables sucesos. Los conductores tienen en sus manos bajar las estadísticas y regalarse la oportunidad de seguir viviendo, si aplican prudencia en el manejo. A los sicarios, esos que  le venden el alma al diablo, ahí sí es un tanto difícil el control, porque dentro de la naturaleza deformada de estos sujetos, poco sentido de respeto por la vida existe y, por lo tanto, las recomendaciones para pedir ese respeto causarían risa entre sus artífices. Entonces, es en ese momento donde la autoridad y la aplicación de la ley deben hacerse imperiosa. La Policía y el Ejército deben asumir como propósito de política de seguridad, hacerle frente a esta ola de crímenes, o pedirle nuevamente al señor Presidente de la República, implementar la seguridad democrática tanto en zona rural como urbana de este territorio. Y hacer alianzas de seguridad con las ciudades y departamentos vecinos. No es sano que las comunidades convivan y se connaturalicen con estos fenómenos delincuenciales, porque se corre el riesgo de practicarlos en cualquier momento, en que la ira y el intenso dolor los impulse a aplicar la ley por su propia cuenta. Sabemos de la lentitud de nuestro sistema de justicia, que pensamos que con el Sistema Acusatorio, la Policía Judicial le saldría al paso a los delincuentes, pero, al parecer, el sistema, en ocasiones falla, porque el procedimiento se inicia mal y, por lo mismo, termina peor. El CTI, la Policía y el DAS tienen facultades para realizar continuamente este tipo de investigaciones para apoyar los procesos penales. Sería conveniente que las autoridades hicieran algo, pero contundente, para darle libertad de movilización al guajiro y no correr el riesgo que en la primera esquina, o a la entrada a  sus casas de habitación, se produzca un asesinato. Esa ola de sicariatos le hacen tanto daño y en todo sentido al Departamento, que en lugar de reafirmar su condición  de región de progreso, lo estigmatizan como peligrosa e insegura, remoquete nada bueno para el prestigio moral de sus buenas gentes. En un próximo comentario editorial, publicaremos un balance de crímenes y accidentes ocurridos en el presente año, y ojalá que las cifras nos abran los ojos, para estimular el sentido de la importancia de las denuncias, que es una forma de autoprotegernos. Además, debieran las alcaldías y Gobernación poner en práctica, el pago de recompensas, para que estas sean estímulo para delatar a los bandidos.

 

 

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