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Germán Fontalvo Polo reconoce que nunca, en su vida activa como miembro de la Policía, sintió el miedo que hoy le generan las apariciones de un niño de color negro, sin cabeza, que cruza el patio de su residencia.
Las tenebrosas apariciones han sido observadas por su sobrino Carlos Mario Escorcia Jiménez, un estudiante del Colegio Eusebio Septimio Mary, o el Seminario, adscrito a la Divina Pastora, quien a sus 14 años de edad, asegura que "un niño negro, sin cabeza, cruza la parte trasera del patio de la residencia, ubicada en la calle 12A con carrera 10, barrio Libertador, cerca al Hotel Tunebo, al lado de un solar, y que lo ha asustado varias veces".
El ex agente de la Policía cuenta que la primera vez que su sobrino vio el espanto fue precisamente el viernes 6 de agosto, un día antes de la extraña muerte de Ilva Linda Polo Becerra. La segunda vez fue un día antes del crimen de la niña Marcelis Redondo Soto.
El menor Carlos Mario Escorcia Jiménez reside con sus tíos en la calle 12A. Su madre es una comerciante informal en la calle 13, cerca a Comfaguajira. El primer día que vio la extraña figura del niño vestido de negro, sin cabeza, salió corriendo para dar aviso a su madre. La segunda vez, dos amigos suyos también lo observaron mientras comían bolis, que él mismo vende en su casa.
"Es una gran casualidad", señala Germán Fontalvo Polo, quien sirvió a la Policía durante muchos años, "cada vez que aparece el niño de negro, hay muertes violentas de menores en Riohacha".
Para quienes han conocido los relatos del niño Carlos Mario, se trata "simplemente de un estado de nervios en que se encuentra producto de las muertes violentas ocurridas en la ciudad, ya que no es posible que este tipo de espantos existan".
Otros, por el contrario, valoran la versión del menor, explicando que es una visión que tiene el niño, como anunciando lo que pasará.
De todas formas, real o irreal, pone a pensar a los menores, e incluso los mayores, como le ocurre al tío Germán, quien pese al valor demostrado en la Policía, hoy siente temor; cree que lo visto por su sobrino es verdad, y son premoniciones que deberían ser objeto de análisis por parte de expertos.
El 23 de agosto, Carlos Mario, al filo de la seis de la tarde, sintió que lo llamaban. Cuando reaccionó vio la extraña figura que pasaba fugazmente por el patio de su casa. "Era un espanto con estatura de niño, vestido de negro y sin cabeza". La figura iba envuelta en una luz, que al verla lo dejo sin aire y confuso.
A Carlos Mario, desde entonces, se le ve delgado, no duerme, está pálido, sin apetito, intranquilo y con ganas que no llegue la noche. La confusión que tiene este niño, es la misma que tienen los riohacheros de no poder saber a estas alturas cuáles son los móviles y autores que hubo para acabar con las vidas de las dos niñas, cuyo modus operandi son similares.
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